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jueves, 7 de octubre de 2010

Paro biológico

Paro biológico, así empezó todo, en principio como una broma, esperando que esta situación no fuese si no un paréntesis en mi trayectoria laboral, pero no. Tras los esfuerzos necesarios para la organización de una empresa, intentar que esta funcione, echándole toda tu ilusión, con todos los calentamientos de cabeza posibles, dando la cara por ella en multitud de ocasiones, cuando se empiezan a tomar decisiones que tú piensas que en lugar de beneficiar a la empresa van en contra de ellas, pasas a ser un pequeño incordio, un problema, es entonces cuando tras muchas vueltas se decide que lo mejor es que provisionalmente, mientras se monta otra empresa tú te vayas al paro y así poder solventar esa transición lo mejor posible. Es en ese momento cuando llegas a la oficina del paro y te sientes como pez fuera de la pecera, te sientes como si estuvieses haciendo algo mal, como si sintieses vergüenza. Tras solicitar el correspondiente subsidio y plantear como que es temporal, que te van a llamar para trabajar, te sorprendes cuando tras haber recibido la correspondiente concesión del paro, posteriormente recibes la notificación como que no lo vas a cobrar por los chanchullos que lleva tu anterior empresa. Lo curioso es que tras ir a todos organismos pertinentes, tras recurrir a todas tus amistades y a las amistades de estas últimas llegas a la conclusión de que no puedes hacer absolutamente nada, que eres victima de las circunstancias, pero lo malo es que de las circunstancias no se come.
Entre todo esto cumplo cincuenta años, uno se quiere hacer el ánimo de que para tener cincuenta años lo bien que se encuentra uno, pero entonces viene la realidad, y no es otra de que tú te puedes sentir como un chaval de 20 años pero la sociedad te dice que ya eres un viejo, todas la mañanas me pongo a ver ofertas de trabajo y resulta que la mayoría de la ofertas son para personas entre 18 y 25 o 30 años, en mi profesión si son titulados y con menos de un año de haber terminado la carreta mejor, antes la experiencia se pagaba, era un plus, actualmente es una carga, con treinta años de experiencia no te pueden hacer un contrato de becario durante dos años para después echarte a la calle.
Tras todo lo anterior lo que te queda no es otra cosa que justificarte a ti mismo, intentar dar todos los pasos que consideras oportunos, te apuntas a cursos de formación, que por cierto no me han llamando de ninguno, hablas con sicólogos, para que te orienten, te das de alta en cuarenta páginas por internet de ofertas de trabajo y todas las mañanas el calvario, porque es frustrante, tanto las ofertas que te encuentras como algunos requisitos de las mismas.
Me estoy preguntando a mi mismo porque el escribir estas letras, pero es en parte el resumen de los pensamientos reducidos que he tenido esta mañana en una de esas interminables horas de espera en las colas de paro. Es muy curioso, se ve de todo, desde gente desesperada porque se le hace tarde para el trabajo, a otros que comentan las chapuzas que van haciendo y que entre eso y lo que cobran del paro van viviendo, gente joven, algunos con cara de preocupación, otros con cara de darles todo igual, y los últimos, los mayores, esos que llegamos con vergüenza, pensando que era un puro trámite en el tiempo y que un año más tarde resulta que te ves, con cara de resignación, intentando pedir esos míseros cuatrocientos euros de ayuda, tan criticados por muchos y tan necesitados por otros. Durante tanto tiempo de espera se piensan muchas cosas, entre ellas las ultimas noticias sobre aplazar el tiempo de jubilación a dos años más, curioso yo me pregunto ¿a quién afecta esto?, quien tenga un puesto de trabajo estable, no creo que le importe demasiado, pero a quien no tenga ese puesto estable, si con cincuenta años ya somos viejos ¿cuando tengamos sesenta y cinco?, supongo que para el que tenga un buen trabajo le ayudará a subir sus cotizaciones, para el que se encuentre, en el mejor de los casos, en trabajos precarios intercalados con etapas en el paro a lo único que le ayudará será a tener una cotización más baja y que a la larga su jubilación sea peor.
Actualmente están de moda las páginas sociales en las que se supone que se pone el estado de ánimo que tenemos, así que ya que ponemos tantas tonterías, por que no poner lo que realmente siento hoy. Todo esto suena a lamento, a queja, a reproche a la vida, probablemente sea así, pero en ocasiones uno tiene que soltar lo que lleva dentro sino tienes el peligro de explotar ya que uno de los mayores problemas de la situación en la que estoy viviendo no es el económico, que es muy importante, pero al fin de cuentas en los peores momentos siempre he tenido a mis hijos a mi lado, pero la sensación de sentirte útil, del deterior mental al que te ves sometido y las consecuencias que esto conlleva convirtiéndote en una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento. Dicho lo dicho, que por favor me perdone toda aquella persona que esté en mi entorno por que antes o después se verá afectada por mis circunstancias y mi estado de ánimo.

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